Se puede ser
socio y competidor al mismo tiempo», afirma el vicepresidente
ejecutivo mundial de Unisys, Joseph W. McGrath. «De hecho, la
implantación de nuestra nueva solución global en la aseguradora
holandesa ING se ha realizado sobre máquinas y sistemas operativos
IBM, pero aportando nuestro valor añadido como proyecto
integral.Eramos contrincantes y socios en una misma cuenta».
¿Todo vale en el desesperado intento de las grandes de la informática
por reinventar empresa y negocio y sobrevivir? El revoltillo entre
consultoras y tecnológicas reconvertidas, los traspasos de
profesionales de un sector a otro, la compra o las asociaciones con
firmas de consultoría, las nuevas estrategias globales de servicios
informáticos, tecnológicos y de consultoría de sistemas a la
carta, marcan la pauta. Una pauta a la que ninguna firma que aspire
a sobrevivir puede sustraerse. Las consecuencias del estallido de la
burbuja tecnológica, agravadas por los escándalos contables, la
desconfianza de inversores y empresarios, la obligada separación
del negocio de las auditoras y la incertidumbre económica, han
obligado a replantearse un negocio que tiene futuro, según sus
protagonistas. Pero en el que hay demasiados comensales para el
mismo pastel.
«No quiero ser profeta del desastre, pero creo que las compañías
que no tengan los criterios adecuados para el éxito no podrán
sobrevivir», señala Joseph W. McGrath. Y, en su opinión, estas
claves son «lograr contratos y proyectos basados en el medio y
largo plazo, que duren entre 4 y 6 años; la especialización, la
orientación específica a sectores concretos, y contar con los
suficientes talentos. Ese es el secreto».
El proceso de depuración ha comenzado ya. El negocio de consultoría
de PricewaterhouseCoopers está en manos de IBM. En Accenture lo que
era Andersen ya no existe y se ha integrado en Bearing Point. Cap
Gemini compró Ernst & Young... «Estas cuatro firmas, junto a
Deloitte, constituyen las llamadas cinco grandes y no hay espacio
para tantas. Sobrevivirán pocas», afirma Joseph W.McGrath. ¿Cuáles?
«Se puede decir quienes empezaron, pero no quienes terminarán».
Lo que sí asegura es que Unisys será una de ellas. «Estamos
absolutamente especializados y tenemos un conocimiento profundo de
cada uno de los sectores en que trabajamos: telecomunicaciones,
transportes, banca, administración pública y medios de comunicación,
a los que ofrecemos soluciones concretas e integrales».
LA ASIGNATURA PENDIENTE
Se trata de una buena oferta considerando la demanda de
servicios profesionales basados en software de código abierto que
las grandes compañías del sector -todas han tomado el mismo
camino, empezando por IBM- han detectado en el mercado empresarial y
de la Administración.Una demanda que va desde la instalación de
servidores hasta la labor de consultoría, migraciones o servicios
adaptados a las necesidades de cada empresa. Sin olvidar la
oportunidad que brinda la externalización de las funciones que no
son básicas para una compañía, aspecto que se está convirtiendo
en uno de los pilares para hacerla competitiva.
La asignatura pendiente es «acabar con el cinismo que existe entre
los ejecutivos de las empresas respecto a la inversión tecnológica»,
apunta el vicepresidente de Unisys. La explosión de la burbuja
tecnológica y la incertidumbre económica han forzado a las
empresas a valorar más el tiempo y la rentabilidad de los costes a
la vez que buscan eficacia. «Es obligado ofrecer un proceso
concreto de transformación de negocio y proyectos más o menos
cerrados que permitan a sus gestores saber cuánto va a durar, cuánto
va a costar y cuándo vendrá el retorno de la inversión».
Del intento de convertir esa oferta en una estrategia exitosa han
surgido las alianzas entre compañías rivales como IBM, Microsoft y
Unisys y su asociación con las consultoras. En el caso de Unisys se
trata de apostar por un sistema totalmente abierto, es decir,
independiente de la tecnología implantada en el cliente. «Cuando
les hablamos de la nueva estrategia, muchos clientes se quedan un
tanto conmocionados», concluye McGrath.
Por
M. L. Atarés
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